domingo, 21 de octubre de 2018

EL TIEMPO



EL TIEMPO


El tiempo,
es un portal 
que enmudece las palabras
y anestesia las memorias.

El tiempo es un  portal,
que desafía a la piedra,
a probar su resistencia,
ante la lluvia y la tierra.

El tiempo,
otoño eterno
siembra en la tierra
la agonía,
hojas desprendidas 
de la vida,
horizonte ocre
donde las lágrimas 
se esconden.

Nadie percibe 
el dolor del árbol,
que cada día crece 
y cada día va muriendo,
como cuando la alegría 
va muriendo en la tristeza,
como cuando la ola
muere en la resaca de la playa,
como cuando el ocaso
muere en la ensombrecida noche,
ya no volverán a la vida,
sus amarillentas hojas,
solo seguirán 
cayendo, 
y en cada otoño
muriendo
muriendo
muriendo.

El tiempo es un portal,
donde el vuelo de los pájaros
se ha convertido en piedra,
y se han vuelto a encontrar,
con los ángeles caídos,
tan tristes 
tan solitarios,
y tan abrazados 
a sus trepadoras hiedras,
para no olvidar
los amores 
que han partido.
Daniella Bossio
(Berkanaluz) 
Derechos Reservados
La imagen fue tomada de internet






AUNQUE EL FRÍO ARRECIE



AUNQUE EL FRÍO ARRECIE

En la triste desnudez,
que habita en el otoño,
el silencio y el frío se han de sentir
como  sonidos diáfanos
quebrados en el tiempo del olvido.

En la triste desnudez 
preñada por el ulular
del viento descarriado,
el otoño se ha de esconder
sintiéndose empequeñecido.

Hoy por primera vez
sus lágrimas
no han de mezclarse con la lluvia,
hoy por primera vez el otoño,
encuentra un sentido a su existencia,
aunque saberlo le desgarre el alma,
y lo llene de una soledad perenne,
porque él percibe que sus hojas
poco a poco le abandonan,
en un camino 
que ha de ir borrando 
sus huellas,
en un tiempo 
que no ha de atesorar recuerdos,
en un lugar 
donde no ha de existir la memoria.

En la triste desnudez
que habita en el otoño,
los pájaros se han ido,
ya no se oyen las risas de los niños,
invadiendo los parques,
y sus hojas,
las hojas de los árboles,
caen por tierra,
sabiendo en lo profundo de su impronta,
que desde su  nacer,
prendidas de sus ramas,
han de morir un poco cada día,
y van cayendo ante la mirada atónita
del entristecido otoño.

Van cayendo para un día 
volver a renacer,
siendo el alimento,
de ese sublime árbol,
que les ha otorgado
la vida.

En la triste desnudez 
que habita en el otoño,
él lo ha comprendido,
que nacer,
morir,
para luego renacer,
es el porqué 
de que él,
siempre esté presente,
sin importar cuanto
ha de desnudarse su alma,
aunque el frío arrecie.

El otoño ya no ha de llorar
sus lágrimas de lluvia,
aunque el frío arrecie,
el otoño aún sigue entristecido,
pero ya no ha de llorar 
sus lágrimas 
por las hojas secas
que han partido.
Daniella Bossio
(Berkanaluz)
D.R.
La imagen fue tomada de internet