jueves, 7 de febrero de 2019

NO SOY YO




NO SOY YO

No soy yo 

sin mis guerras,
no soy yo
sin mis quebrantos,
no soy yo 
si no tengo la nocturnidad 
de una flor de Camelia,
rebelde,
única,
exultante de libertad,
<proclamando permanecer abierta>
aún en medio de la noche,
mostrando su virginidad perdida,
su sombra de capullo,
su memoria de semilla.

Necesito del bendito Triptófano

y del auxilio de la Serotonina, 
<negados>
en la prontitud
de su asistencia
urgente,
sin pérdida de tiempo.

Salgo insomne,

abriendo la puerta
hacia el abismo del tiempo, 
caminando perdida 
por las noches
de las horas antiguas, 
recordando,
que ha pasado muy rápido
el escaparate 
del siglo,
y yo
continúo aquí apresada,
en estas noches, 
sin presente 
y sin pasado,
viviendo 
a puro sigilo. 

Y no soy yo,

si la melancolía me faltase,
necesito del aguacero,
de las calles charoladas,
necesito la presencia
de extraños carruajes, 
no soy yo 
sin el sonido de tacones lejanos,
de risas 
escapando 
de un cabaret 
de baja estirpe. 

De donde soy 

no lo sé,
solo se que soy de un mundo 
que por las noches llora,
y se esconde,
pateando cadáveres,
y se ampara
detrás de falsos testimonios,
de mentiras vendidas
a verdades macabras.

Soy de las lágrimas, 

soy de las despedidas,
soy del malecón
que resiste
en el puerto abandonado,
siendo azotado por las olas,
que corrompen 
hasta sus más  
profundos cimientos,
soy del precario espectáculo
a media luz,
soy del humo del tabaco 
que todo lo invade.

No soy yo,

sin el perro que mueve la cola 
y me persigue
<buscando el hueso>
que no tengo,
que no puedo darle,
pero me sigue
de todos modos,
me sigue
en las subidas,
y en las calles de bajada,
él quiere un poco de amor 
a toda costa.

Pero no soy yo 

la de ahora, 
<y no soy buena>
me he escapado de un tiempo
donde el amor no valía,
no valía la pena,
solo valía la honra 
o la deshonra.

No soy yo,

sin las sombras recostadas 
en la pared
de una callejuela maloliente,
no soy yo 
sin el silencio sepulcral
<roto solo por el ulular del viento>
y una fina llovizna
que empapa mi alma,
sollozando...

No soy yo

si no tengo ese dolor punzante,
asestado 
en una noche 
de incautos peligros,
donde en un acto 
de vacío absoluto,
de locura irreverente
y de memorias muertas,
<creí enamorarme>
y solo tuve 
una terrible pesadilla.

Y no soy yo, 

sin el fuego ambulante,
<el que quemó> 
un alarido punzante
allá lejos,
en muchas otras vidas,
y no soy yo
sin ese fuego que se enciende
paradójicamente,
para no congelarme,
para no sentir
el aliento helado 
de la muerte,
en aquel lejano tiempo
donde han quedado 
los recuerdos
de los cuerpos inertes,
pareciéndose ellos,
a un tiempo 
ingrávido, 
abandonado
en un cementerio
donde nunca 
han retornado los ciclos.

Y no soy yo,

si no pudiera recordarlas
a todas,
<las otras vidas>
para vencer el dolor,
y para poder
sepultarlas
algún día.

Todas esas pasiones 

de muelles perdidos,
salidos de un tiempo
al que no puedo
condenar, 
noche a noche
se han vuelto mi tormento.

No puedo recordar sus nombres,

no puedo recordar sus rostros,
no puedo recordar a los culpables,
y aunque nunca pude odiarles,
tampoco olvidarles,

que ellos una extraña noche
de una de aquellas lejanas vidas,
vinieron 
y mataron sin piedad 
aquél callejero perro,
el único
que solía 
en su eterna soledad
acompañarme
sin preguntarme porque,
sin preguntarme por cuanto,
sin pedirme nada a cambio.

Y no soy yo

si la melancolía me faltase
como una segunda piel
y con este eterno dolor 
que se ha vuelto inexplicable.
yo solo sé
que mucho de mí,
le entregué 
a aquellos hombres,
aunque ellos no dudaron 
en clavar
un profundo cuchillo
a mi inocente amor,
cuyo único pecado 
fue amarles.
Berkanaluz 
D.R.
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Las imágenes fueron tomadas de internet