NO SOY YO
No soy yo
sin mis guerras,
no soy yo
sin mis quebrantos,
no soy yo
si no tengo la nocturnidad
de una flor de Camelia,
rebelde,
única,
exultante de libertad,
<proclamando permanecer abierta>
aún en medio de la noche,
mostrando su virginidad perdida,
su sombra de capullo,
su memoria de semilla.
Necesito del bendito Triptófano
y del auxilio de la Serotonina,
<negados>
en la prontitud
de su asistencia
urgente,
sin pérdida de tiempo.
Salgo insomne,
abriendo la puerta
hacia el abismo del tiempo,
caminando perdida
por las noches
de las horas antiguas,
recordando,
que ha pasado muy rápido
el escaparate
del siglo,
y yo
continúo aquí apresada,
en estas noches,
sin presente
y sin pasado,
viviendo
a puro sigilo.
Y no soy yo,
si la melancolía me faltase,
necesito del aguacero,
de las calles charoladas,
necesito la presencia
de extraños carruajes,
no soy yo
sin el sonido de tacones lejanos,
de risas
escapando
de un cabaret
de baja estirpe.
De donde soy
no lo sé,
solo se que soy de un mundo
que por las noches llora,
y se esconde,
pateando cadáveres,
y se ampara
detrás de falsos testimonios,
de mentiras vendidas
a verdades macabras.
Soy de las lágrimas,
soy de las despedidas,
soy del malecón
que resiste
en el puerto abandonado,
siendo azotado por las olas,
que corrompen
hasta sus más
profundos cimientos,
soy del precario espectáculo
a media luz,
soy del humo del tabaco
que todo lo invade.
No soy yo,
sin el perro que mueve la cola
y me persigue
<buscando el hueso>
que no tengo,
que no puedo darle,
pero me sigue
de todos modos,
me sigue
en las subidas,
y en las calles de bajada,
él quiere un poco de amor
a toda costa.
Pero no soy yo
la de ahora,
<y no soy buena>
me he escapado de un tiempo
donde el amor no valía,
no valía la pena,
solo valía la honra
o la deshonra.
No soy yo,
sin las sombras recostadas
en la pared
de una callejuela maloliente,
no soy yo
sin el silencio sepulcral
<roto solo por el ulular del viento>
y una fina llovizna
que empapa mi alma,
sollozando...
No soy yo
si no tengo ese dolor punzante,
asestado
en una noche
de incautos peligros,
donde en un acto
de vacío absoluto,
de locura irreverente
y de memorias muertas,
<creí enamorarme>
y solo tuve
una terrible pesadilla.
Y no soy yo,
sin el fuego ambulante,
<el que quemó>
un alarido punzante
allá lejos,
en muchas otras vidas,
y no soy yo
sin ese fuego que se enciende
paradójicamente,
para no congelarme,
para no sentir
el aliento helado
de la muerte,
en aquel lejano tiempo
donde han quedado
los recuerdos
de los cuerpos inertes,
pareciéndose ellos,
a un tiempo
ingrávido,
abandonado
en un cementerio
donde nunca
han retornado los ciclos.
Y no soy yo,
si no pudiera recordarlas
a todas,
<las otras vidas>
para vencer el dolor,
y para poder
sepultarlas
algún día.
Todas esas pasiones
de muelles perdidos,
salidos de un tiempo
al que no puedo
condenar,
noche a noche
se han vuelto mi tormento.
No puedo recordar sus nombres,
no puedo recordar sus rostros,
no puedo recordar a los culpables,
y aunque nunca pude odiarles,
tampoco olvidarles,
sé
que ellos una extraña noche
de una de aquellas lejanas vidas,
vinieron
y mataron sin piedad
aquél callejero perro,
el único
que solía
en su eterna soledad
acompañarme
sin preguntarme porque,
sin preguntarme por cuanto,
sin pedirme nada a cambio.
Y no soy yo
si la melancolía me faltase
como una segunda piel
y con este eterno dolor
que se ha vuelto inexplicable.
yo solo sé
que mucho de mí,
le entregué
a aquellos hombres,
aunque ellos no dudaron
en clavar
un profundo cuchillo
a mi inocente amor,
cuyo único pecado
fue amarles.
Berkanaluz
D.R.
www.alasrotaspoesia.blogpsot.com
Las imágenes fueron tomadas de internet



